La fuerza de su Espíritu
martes, 27 de enero de 2026
Oración
Padre, la confianza que me has provisto en Jesús, en su obra maravillosa de salvación, me da la certeza que no me dejas ni me abandonas, porque él sufrió el abandono en la cruz para pagar por mis pecados, para que nosotros los creyentes experimentemos su amparo, protección por la fuerza de su Espíritu.
Lee la Palabra de Dios
“En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.”, Efesios 4:22-24 “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.”, Romanos 15:13
Reflexiona
Muchas veces decimos ‘no es en nuestra fuerza’, pero lastimosamente, luchar en nuestra fuerza es lo que por defecto buscamos para hacer todo.
Oramos al Señor entregando alguna situación que nos desborda, pero salimos de la oración y resolvemos en nuestras propias capacidades, entendimiento o independencia.
Los creyentes debemos reflexionar profundamente en qué mente operamos, pues esto define el fruto y el resultado, pues todo creyente ha recibido la mente de Cristo, para ser guiado a cambiar su manera de pensar y como consecuencia, actuar de manera diferente. (Romanos 12:2, 1 Corintios 2:16)
Entonces, actuar no en nuestras fuerzas, sino en el poder de su Espíritu, depende de la naturaleza en que obramos, o en qué ámbito nos movemos, si en la vieja naturaleza heredada de Adán, o en la nueva naturaleza en Cristo, (Efesios 2:3, Efesios 4:22-24).
Observemos que el pasaje de Efesios 4:22-24, nos dice que nos despojemos de esa vieja naturaleza o viejo hombre y tomemos el nuevo, con una clave en el versículo 23: “renovaos en el espíritu de vuestra mente”. No confiar en nuestros propios pensamientos no significa renunciar a la razón, sino que sabiendo que nuestro corazón (que incluye nuestros pensamientos) es por naturaleza engañoso y perverso, no confiamos en él (Jeremías 17:9), sino que nuestra confianza es en Cristo mismo, haciendo de manera práctica lo siguiente: “derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,” (2 Corintios 10:5).
Pueden llegar pensamientos de desesperanza, que provocan ansiedad, o pensamientos de temor, incertidumbre, incluso de nuestros propios deseos malos, o malos pensamientos, pero no nos dejamos arrastrar por ellos, sino que en el poder de su Espíritu, por medio de la fe en lo que Dios dice, llevamos todo pensamiento a que se someta a la verdad que nos habita, a Cristo, derribando así toda mentira que nos esclaviza y permitiendo que el gozo y la paz abunden en nosotros. (Romanos 15:13)
En conclusión, es una batalla que si bien es espiritual y se enfrenta con armas espirituales, en el poder de su Espíritu, nuestra mente juega un papel determinante; como una puerta de entrada, pues los pensamientos moldean ideas y estructuran la creencia; la creencia es determinante en lo que finalmente hacemos. (Proverbios 23:7a, 2 Corintios 4:13).
Alaba a Dios
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