Su amor y misericordia nunca terminan
viernes, 4 de septiembre de 2026
Oración
Señor que tu bondad me persiga a mí y a mi descendencia, porque tu amor es inagotable y tu misericordia no tiene fin. Ayúdame a caminar en tu temor, para que mis hijos y sus hijos, puedan disfrutar de la abundancia de tu bondad, quiero dejarles a ellos un legado de fe y obediencia a tus mandatos y una vida consagrada a ti, en el Nombre de Jesús, amén.
Lee la Palabra de Dios
“Mas la misericordia de Jehová es desde la eternidad y hasta la eternidad sobre los que le temen, y su justicia sobre los hijos de los hijos” Salmos 103:17
Reflexiona
Este versículo nos habla de la naturaleza misericordiosa de Dios. Una misericordia que da sombra, que lo domina todo, que es eternamente inmutable, Salmos 103:11 “Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le temen”. Motivado por su amor inagotable, el Señor se encarga de que el bien prevalezca para quienes viven obedientemente dentro de su pacto. Se brinda a nosotros a pesar de que no lo merecemos porque es clemente, retiene su justa ira, es lento para manifestarla, y tiene abundancia de la misericordia que nunca cambia. Se revela a sí mismo de esta manera porque nos conoce en nuestra fragilidad y limitación.
Su amor nunca termina, esto debe hacernos pensar que cuando miramos a nuestro alrededor, entendemos que todo en esta vida tiene un límite: la juventud pasa, las fuerzas se acaban, lo material se esfuma o se deteriora, y aun las relaciones humanas pueden cambiar o terminar. Pero tenemos una esperanza firme, como nos dice Jeremías 31:3 “Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia”. El Señor nos recuerda esta verdad gloriosa: que su misericordia no tiene vencimiento.
En hebreo la palabra misericordia es “hesed” que se traduce como “bondad”, “amor constante”, “compasión” y su equivalente en el Nuevo Testamento, “gracia”. Su amor y misericordia no dependen de nuestras circunstancias, ni se extingue por nuestros pecados, es un amor eterno que trasciende a través de nuestras generaciones. Es lo que el Señor está prometiendo a los que le temen. No solo alcanza a cubrir nuestra vida, sino que se extiende como un legado sobre nuestros hijos y nuestros nietos. Por eso es tan importante que nos preguntemos: ¿Qué herencia estamos dejándoles a ellos?
Más allá de cosas materiales y temporales, la mayor riqueza que podemos transmitirles es una vida de ejemplo y temor al Señor, cuando hacemos esto estamos abriendo las puertas para que la misericordia y la justicia de Dios se derramen sobre nuestros hijos.
Debemos confesar esta hermosa promesa sobre nuestra descendencia, porque su amor eterno se extiende desde la eternidad hasta la eternidad. Y confiar que por medio de su Santo Espíritu atraerá a nuestros hijos hacia Él por su infinita misericordia. Esa bondad de Dios los llevará al arrepentimiento, perdonará sus pecados y los guiará por un camino claro y seguro, hacia la vida eterna.
Alaba a Dios
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