Raíces aéreas. Parte 2

martes, 9 de junio de 2026

01

Oración

Padre, examina mi corazón y muéstrame si hay raíces aéreas que he permitido emerger en mi vida. Revélamelas y ayúdame a cortarlas, pues hoy entiendo que no las necesito, porque dependo de Ti, el Inmutable y Todopoderoso. Amén.
02

Lee la Palabra de Dios

“Sarai mujer de Abram no le daba hijos; y ella tenía una sierva egipcia, que se llamaba Agar. Dijo entonces Sarai a Abram: Ya ves que Jehová me ha hecho estéril; te ruego, pues, que te llegues a mi sierva; quizá tendré hijos de ella”. Génesis 16:1-2a.
03

Reflexiona

La historia de Sara y Abraham ilustra y sustenta de manera real lo que el Señor nos revela en cuanto a que tú y yo, en ocasiones, nos comportamos como las Monsteras.

Las Escrituras nos muestran la condición especial que tenía Sara: la esterilidad. Además, nos permite ver la “ayuda” que ella quería ofrecerle a Dios: que su sierva Agar tuviera un encuentro sexual con Abraham para así poder tener descendencia. Y es que, seamos sinceros, ¿cuántos de nosotros, en ocasiones, también hemos querido “ayudar” a Dios en alguna área de nuestra vida, tal como lo hizo Sara?

Cuando tú y yo intervenimos y no esperamos ni confiamos en la promesa de Dios, hacemos salir en nosotros raíces aéreas, tal como le pasó a Sara, quien no esperó el cumplimiento de la promesa que Dios le había dado a Abraham en Génesis 15:1-5, sino que, ante la gran espera de aproximadamente 25 años, contando el tiempo desde que Abraham salió de Harán hasta el nacimiento de Isaac, se desesperó y permitió que en ella surgiera una raíz aérea, esa que nos dice que debemos intervenir y “ayudar” a Dios, entregando su sierva a Abraham.

Y es que esto de “ayudar” a Dios parece tan normal hoy en día que hasta escuchamos y aceptamos como verdades dichos populares tales como: “Dios dice: ayúdate, que yo te ayudaré”. Al creer que conceptos como estos son ciertos, terminamos actuando de manera incorrecta y para la muestra, un botón.

Hermanos, el Señor, a través de este relato bíblico, nos recuerda nuestra función como pámpanos, nuestra tarea es permanecer firmes en Él, la raíz verdadera (Hebreos 10:23), pues recordemos que cuando intervenimos y dejamos nacer en nosotros raíces aéreas, lo único que estamos demostrando es nuestra falta de confianza en que la raíz verdadera, Cristo, de la cual dependemos, es capaz de sostenernos y de darnos lo que ha prometido (Números 23:19).

¿Piensas que quizás de ti no han surgido raíces aéreas como las de Sara? Te invito a que no te pierdas el devocional de mañana, pues en él veremos las raíces aéreas que dejó nacer Abraham y cómo estas también pueden manifestarse en nuestra propia vida.

04

Alaba a Dios

Alabanza: Raíces aéreas. Parte 2
05

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