Del día más oscuro a una nueva vida
sábado, 4 de abril de 2026
Oración
Señor Jesús, permíteme recordar que la Pascua se trata del momento en que realmente comienzo a vivir, en que muero al pecado, a la muerte y a la destrucción y soy espiritualmente traído a una verdadera vida, donde puedo experimentar tu presencia, poder, paz, gracia y amor inagotable. Así como resucitaste por la gloria del Padre también puedo vivir una vida nueva, amén.
Lee la Palabra de Dios
"Había un varón llamado José, de Arimatea, ciudad de Judea, el cual era miembro del concilio, varón bueno y justo. Este, que también esperaba el reino de Dios, y no había consentido en el acuerdo ni en los hechos de ellos, fue a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. Y quitándolo, lo envolvió en una sábana, y lo puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual aún no se había puesto a nadie. Era día de la preparación, y estaba para comenzar el día de reposo. Y las mujeres que habían venido con él desde Galilea, siguieron también, y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo. Y vueltas, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el día de reposo, conforme al mandamiento". Lucas 23:50-56
Reflexiona
Cuando pensamos en la muerte de nuestros seres queridos es algo difícil, pero es parte de la vida y es inevitable no pasar por esta experiencia. Pensemos un poco en los discípulos del Señor Jesús, que, aunque Él les había dicho lo que iba a suceder, que sería entregado en manos de los líderes religiosos y que sería muerto, todavía parecían no comprender sus palabras. No fue fácil asumir el escenario en que su Maestro fue crucificado, con una muerte tan injusta y cruel.
Los discípulos habían creído que Jesús era el Mesías y en su visión limitada de la Palabra de Dios, a través de sus vidas de opresión y cautiverio bajo el régimen de Roma, esperaban que Él vendría a establecer su reino acá en la tierra. Después de haber presenciado a Jesús entrando en un burro a Jerusalén como un Rey Conquistador y que según la profecía sería el que los liberaría de su opresión, reclamaría el trono de David y establecería su reino eterno para el pueblo de Israel, todas sus ilusiones se desvanecieron cuando fue capturado y crucificado. Su “Rey” había muerto junto con sus esperanzas.
Fue enterrado inmediatamente después de morir, ya que el día de reposo se aproximaba, fue puesto en una tumba que nunca se había utilizado que pertenecía a un hombre rico que era justo y que reclamó su cuerpo. Jesús tuvo un entierro adecuado, aunque sus seguidores no pudieron realizar un funeral según la costumbre judía porque llegaba el día sábado, Lucas 23:50-54.
Ese fue el día más oscuro y vacío de sus vidas para aquellos que lo habían acompañado durante su ministerio terrenal; y quizás como hacemos en los funerales muchas veces, estaban recordando lo que Jesús había significado para ellos y lo grandiosa que fue su vida en esta tierra. Estaban inconsolables, angustiados, hundiéndose en desesperanza, miedo, confusión e ira.
Verdaderamente fue el día más oscuro no solo para ellos sino para la humanidad, donde la gracia, la verdad, la paz, la esperanza y el amor fueron sepultados. Lo hermoso es que siempre después de un cielo oscuro se abre un nuevo amanecer; y era el paso a una nueva promesa, porque un nuevo pacto ya estaba en camino como un amanecer glorioso. “Consumado es”, no fue el final de la historia porque la tumba no pudo contenerlo, al tercer día, la piedra fue removida y Jesús se levantó de entre los muertos, resucitó conquistando la muerte y nos dio nueva vida. Una vida de plenitud, que debemos disfrutar cada día hasta que él vuelva, Juan 10:10.
A algunos les cuesta, como a los discípulos al principio, creer en su resurrección por su poder. Es hora de apropiarnos de su Verdad revelada en la Palabra, que el Cristo resucitado, el Cristo vivo está en nuestros corazones. Todos nuestros errores en la vida cristiana surgen de ignorar y olvidar las palabras que Cristo ha dicho y que ya están reveladas en su Palabra. Que esto nos motive a crecer en el conocimiento de nuestro Dios y Salvador.
Alaba a Dios
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