La luz que muchos no reconocieron

lunes, 14 de septiembre de 2026

01

Oración

Señor, gracias porque en ti tengo luz y vida, ayúdame a caminar en tu luz para que mi vida brille con gozo, esperanza y verdad. No significa negar el dolor y el sufrimiento en esta tierra, sino elegir mirarte siempre, aferrarme a tu Palabra, orar con confianza y caminar de tu mano, para no desviarme, sino que siempre me mantenga firme en la luz eterna que eres tú. En el Nombre de Jesús, amén.
02

Lee la Palabra de Dios

“Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Entonces los fariseos le dijeron: Tú das testimonio acerca de ti mismo; tu testimonio no es verdadero. Respondió Jesús y les dijo: Aunque yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde he venido y a dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo, ni a dónde voy. Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie. Y si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy yo solo, sino yo y el que me envió, el Padre. Y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero. Yo soy el que doy testimonio de mí mismo, y el Padre que me envió da testimonio de mí”. Juan 8:12-18
03

Reflexiona

Cuando Jesús se presentó como la luz del mundo, los escribas y fariseos reaccionaron con hostilidad. Aquel título les sonaría aún más sorprendente a ellos que a nosotros. Los rabinos afirmaban que uno de los nombres del Mesías que esperaban era “Luz”. A ellos les parecería, y lo era en realidad, que Jesús se presentaba como tal. La palabra luz estaba especialmente asociada con Dios en el pensamiento y lenguaje judío. “El Señor es mi luz” (Salmos 27:1); “el Señor te será por luz perpetua” (Isaías 60:19); “a cuya luz yo caminaba en la oscuridad” (Job 29:3); “aunque more en tinieblas, el Señor será mi luz” (Miqueas 7:8).

Jesús estaba tan seguro de su identidad con Dios que no necesitaba de ninguna autoridad que la respaldara. El testimonio de Dios está en las palabras de Jesús, nadie podría hablar con tal sabiduría a menos que Dios le hubiera dado conocimiento. El testimonio de Dios está en las obras de Jesús, nadie podría hacer tales cosas a menos que Dios estuviera obrando en Él. El testimonio de Dios es el efecto que Jesús causa en las personas, el hecho de que Jesús puede hacer que se transformen en nuevas criaturas, es prueba de su poder divino. El testimonio de Dios está en la reacción de la gente hacia Jesús, dondequiera que Jesús se ha presentado plenamente, donde se ha predicado la Cruz en toda su grandeza y esplendor, ha habido una respuesta inmediata en los corazones. Esa respuesta es el Espíritu Santo de Dios obrando y testificando en los corazones de las personas. Es Dios en nuestros corazones quien nos permite ver a Dios en Jesús.

El Señor nos exhorta a andar en su luz. Así como una planta no puede florecer si no ve la luz del sol, tampoco nuestras vidas pueden crecer sino las irradia la luz de la Presencia de Jesús. Mantenerse en su luz significa permanecer en Él, aun cuando la vida se vuelva oscura por los problemas, pérdidas e incertidumbre. Cuando Jesús nos dice: “el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida, se refiere a dos cosas, Jesús es “la misma Luz de Dios que ha venido al mundo”; y es también “la Luz que da la vida al mundo”, Juan 1:4,9.

Ser seguidores de Jesús es entregarnos en espíritu, alma y cuerpo a la obediencia de sus enseñanzas y empezar a caminar en su luz. La primera clave es recordar que Él es la luz, esto implica confiar en su constante Presencia. Pero también es la Palabra viva. Juan 1:1 nos dice: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”. Él alumbra nuestro andar, Salmos 119:105 “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino”.

Cuando caminamos solos, estamos expuestos a andar a tientas y a tropezar, porque muchos de los problemas de la vida están por encima de nuestra capacidad. Cuando caminamos solos corremos peligro de seguir una senda equivocada, porque no tenemos un mapa infalible de la vida. Necesitamos la sabiduría celestial para recorrer el camino terrenal. Jesucristo es ese guía, y es el único que posee el mapa de la vida. Seguirle es andar en la luz, a salvo a lo largo de la vida y seguros de estar con Él en la eternidad.

04

Alaba a Dios

Alabanza: La luz que muchos no reconocieron
05

Comparte

¿Te bendijo este devocional? Compártelo con alguien que lo necesite.

Devocionales relacionados

Jesús sigue hablando

Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas”. Hebreos 1:1-3

El Señor siempre ha hablado a la humanidad desde el comienzo de la creación, el Salmo 19:1 nos dice: “Los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamen...

Cuando Dios habla al corazón

“Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas. Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos”. Santiago 1:21-22

Este versículo nos invita a una doble acción: desechar y recibir. Primero Santiago nos llama a desechar toda inmundicia y toda abundancia de malicia, es...

Dios usa lo que tenemos para su gloria

“Entonces Moisés respondió diciendo: He aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz; porque dirán: No te ha aparecido Jehová. Y Jehová dijo: ¿Qué es eso que tienes en tu mano? Y él respondió: Una vara. Él le dijo: Échala en tierra. Y él la echó en tierra, y se hizo una culebra; y Moisés huía de ella. Entonces dijo Jehová a Moisés: Extiende tu mano, y tómala por la cola. Y él extendió su mano, y la tomó, y se volvió vara en su mano”. Éxodo 4:1-4

Cuando el Señor llama a Moisés, él no dijo: “amén, heme aquí”, sino que intentó dar una excusa para no obedecerlo. Dios solo le pregunta: “¿Qué tienes e...