El grito de amor
jueves, 30 de julio de 2026
Oración
Señor, cuando estoy triste, cuando siento que no tiene sentido la vida, pero me recuerdas la cruz, viene a mi mente tu grito de amor y me lleno de tu amor, me despierto del sueño y voy a mi verdadera realidad, la plenitud de Jesús en mí. Que tu Espíritu me recuerde y revele ese sacrificio eterno, ese día, ese grito, que retumbe en mi corazón y me coloque nuevamente en tu voluntad, en Cristo Jesús, amén.
Lee la Palabra de Dios
“Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” Mateo 27:46
Reflexiona
El grito del Señor Jesús en la cruz, o lo que la Escritura describe que “clamó a gran voz” es un instante que nos ha de recordar la gran aflicción que su alma sufrió, pero más conmovedor aún es el saber que su aflicción fue para nuestra redención, su alma afligida para que la nuestra fuese redimida (Isaías 53:10-11). Ese grito es el que se debe escuchar en nuestra conciencia espiritual y en toda la creación, pues fue un grito de amor, ese amor que todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta (1 Corintios 13:7). Jesús soportó el desamparo en la cruz para que tú y yo experimentemos su paz.
Hermanos, situaciones difíciles, momentos de gran dolor, pérdida, sufrimiento entrega o sacrificio, esos que quizás muchas veces experimentamos por nuestros hijos, o nuestros hermanos, padres, nuestra pareja o hasta por nuestros amigos, han de tener consuelo, esperanza y también fortaleza, en el dolor, entrega y sacrificio que Jesús padeció por nosotros en la cruz. Aquel grito debe retumbar en todo nuestro ser, pues nadie ha sufrido, ni sufrirá como Él, la copa de la ira Santa de Dios, para que nosotros fuésemos herederos de su amor.
Amados, el amor de Dios, por el Espíritu Santo, ha llenado nuestro corazón y no hay nada en nuestra alma que no encuentre su suficiencia, satisfacción y plenitud en su incomparable amor; como dice su Palabra en Efesios 3:19, conocer el amor de Cristo nos llena de toda la plenitud de Dios. De manera que, en esas situaciones que sintamos desfallecer o no poder, que quizás son demasiado fuertes para nosotros, recordemos el grito de amor de nuestro salvador, que retumbe en nuestro ser de modo tal, que avive nuestro corazón y podamos experimentar y expresar cómo realmente el amor de Dios, todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta, y que aún así, se vive en completa paz y esperanza.
Alaba a Dios
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