Edificando con propósito
sábado, 25 de julio de 2026
Oración
Padre, que tu Presencia, la cual mora en mí solo por la fe en tu Hijo Jesucristo, la pueda disfrutar en intimidad, en comunión y adoración, haciendo Tú mismo en mí lo que es agradable delante de tí, esa persona que refleje completamente tu gloria, por Jesucristo tu amado Hijo, mi Señor y Salvador, amén.
Lee la Palabra de Dios
“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.” Mateo 7:24-25
Reflexiona
Podemos ver a lo largo de las Escrituras, las diferentes formas o diseños que Dios ha dispuesto para que nosotros los llevemos a cabo en las diferentes áreas de nuestra vida; diseños para nuestra vida personal, matrimonial, familiar, relaciones sociales, asuntos laborales, entre otros. Estos diseños, por supuesto, siempre tienen como centro y piedra fundamental a nuestro Señor Jesucristo. La idea es edificar en Él.
Sin embargo, siendo esto considerablemente importante, lo esencial que Dios quiere que conozcamos, es precisamente el propósito por el cual Él quiere que lo hagamos así, y es justamente que el anhelo de su corazón es, habitar en medio de nosotros, Él anhela estar, permanecer e ir con nosotros siempre (Juan 14:16-18, Mateo 28:20).
Hermanos, los diseños que Dios ha dispuesto, junto con el anhelo de habitar en medio nuestro, sólo nos dejan ver el gran amor y la grande misericordia que desde antes de la fundación del mundo, Él se había propuesto para con nosotros en su Hijo Jesucristo (Efesios 1:3-7), por ello, vemos al Señor Jesús enseñando que un hombre prudente y bienaventurado es aquel que edifica su casa o su vida con base en lo que Él nos dice.
Sucede que muchas veces, el motivo por el cual no edificamos en nuestra vida conforme al diseño y propósito del Señor, es porque ignoramos lo que Él nos enseña a través de su Palabra, otras tantas, simplemente porque nos cuesta ir en contra de nuestra propia sabiduría; pero, queridos hermanos, no por esto debemos rendirnos o tirar la toalla en ninguna área de nuestra vida, pues para el Señor no hay limitación o debilidad en la que Él no pueda obrar; por ello, nuestro deber es confiar, aferrarnos a Él e insistentemente orar conforme nos revela Hebreos 13:20-21, pidiendo que, por la sangre de Jesucristo, sea Dios mismo haciéndonos aptos para toda obra buena para hacer su voluntad, haciendo Él en nosotros lo que es agradable delante de Él, por Jesucristo, a quien pertenece la gloria por los siglos de los siglos.
Alaba a Dios
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