Arrepentimiento

domingo, 7 de junio de 2026

01

Oración

Padre, gracias por revelarme tu verdad, porque cuando lo haces puedo experimentar tu paz, esa paz que quita mis angustias y mis cargas. Gracias Dios, por tu Hijo Jesús, pues cuando entiendo, por medio de tu Palabra y la revelación de tu Santo Espíritu, que debo permitirle a Él vivir en mí, mi alma se alegra porque halla la esperanza y el descanso que tanto anhela. Amén.
02

Lee la Palabra de Dios

“Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red. Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía… Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador... Y cuando trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron”. Lucas 5:4-6, 8, 11
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Reflexiona

Las Escrituras nos revelan que cuando Pedro se despojó completamente de su red, es decir, de su profesión y de su autosuficiencia, pudo ser testigo del poder del Señor; pero no como uno de los tantos que se quedaron atrás, sino como uno que, dejándolo todo, le siguió. Cuando veo esto, entiendo a lo que el Señor nos quiere conducir: al arrepentimiento.

Las Escrituras registran diversas ocasiones en las que esta palabra, “arrepentimiento”, es usada, pero hay una en especial que llama mi atención. Se encuentra en Mateo 4:17. Allí podemos ver al Señor Jesús enseñando sobre el arrepentimiento, base de toda predicación, pues el arrepentimiento lleva al hombre hacia tres cosas importantes: primero, al reconocimiento de su condición pecadora; segundo, a la aceptación de la obra redentora de Cristo; y tercero, a la renovación.

Te preguntarás: ¿qué tiene que ver la renovación con el arrepentimiento? La palabra arrepentimiento proviene del griego metanoéo (μετανοέω), que puede traducirse como renovación del entendimiento o de la forma de pensar (Romanos 12:2). Justamente, un cambio en la forma de pensar, fue lo que Pedro experimentó cuando conoció a Jesús, pues una vez que creyó en la Palabra del Señor (Lucas 5:5) y aceptó su condición de pecado (Lucas 5:8), pasó a experimentar, por medio de la fe, una renovación en su manera de pensar. Le vemos renunciando y despojándose de su vieja identidad, pescador de peces, para identificarse con una nueva identidad en Cristo: pescador de hombres (Lucas 5:11). Dicha renovación sería la que le permitiría a Pedro reflejar a Cristo, incluso en su forma de hablar (Mateo 26:73).

Hermanos, muchos creyentes hoy en día quieren tener una nueva forma de hablar, pero sin tener que renovar la mente. Quieren resultados que se manifiesten en la parte externa, pero sin tocar lo que está internamente. Esto es imposible, pues bien lo dice la Palabra de Dios: “De la abundancia del corazón habla la boca” (Lucas 6:45).

Para poder dejar de ser torpes y tardos en el habla, y en cambio dejar salir de nosotros palabras asertivas, necesitamos intimidad con Dios, despojarnos de nuestra autosuficiencia y renovar nuestra mente. Cuando tú y yo creemos lo que Dios nos dice: “Separados de mí nada podéis hacer”; cuando reconocemos nuestra incapacidad al hablar; y cuando nos despojamos de nuestra autosuficiencia para cederle el control a Dios, entonces el Espíritu Santo hace algo extraordinario: renueva nuestra manera de pensar y nos permite entender y experimentar esa verdad de que Cristo es quien ahora vive en nosotros.

Esa es la única manera en la que tú y yo, de manera permanente, podremos llegar a comunicarnos de manera asertiva con las demás personas, sea cual sea la situación. Sin lugar a dudas, permaneciendo en intimidad con Dios, rindiéndonos a Él y renovando nuestra mente por medio de la fe y del poder del Espíritu Santo, permitiremos que Cristo emerja en nosotros para reflejar de manera auténtica el hablar de nuestro Señor Jesucristo.

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Alaba a Dios

Alabanza: Arrepentimiento
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