Amor para amar

viernes, 13 de marzo de 2026

01

Oración

Señor Jesús, enséñame a amar como tú, a dar amor como tú, y a vivir según tu voluntad. Que tu amor me impulse a amarte a ti, Dios, y a mi prójimo, tal como tú me has amado.
02

Lee la Palabra de Dios

"Y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado." Romanos 5:5
03

Reflexiona

Como reflexionamos en el devocional de ayer, al recibir a Cristo como Señor y Salvador, se nos otorga por gracia un nuevo corazón, que es espiritual, en el que están escritos los mandamientos de Dios. Es con este nuevo corazón y gracias al amor inmerecido de Dios que somos capacitados para amar. Este amor nos conduce naturalmente a la obediencia, pues “El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor” (Romanos 13:10). Es maravilloso y consolador saber que el amor de Dios ha sido derramado en nuestro corazón por medio del Espíritu Santo. Este amor es un atributo divino, la esencia misma de Dios, como se declara en 1 Juan 4:16b: “Dios es amor”. ¡Y ahora este amor está en nosotros!

El apóstol Juan, inspirado por el Espíritu Santo, profundiza en este concepto: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros. Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros” (1 Juan 4:10-12). Amarnos mutuamente es un signo de comunión con Dios, que evidencia que su amor se ha perfeccionado y se manifiesta plenamente en nuestras vidas, llevándonos de manera práctica a experimentar la vida en el Espíritu.

Jesús mismo lo afirmó: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él… El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” (Juan 14:21-23). Al permitir que Cristo habite en nosotros y al recibir la fuerza de su amor, podemos corresponder al amor de Dios, amándolo a Él por sobre todas las cosas. Además, nos capacita para amar al prójimo como Cristo, compartiendo activamente su amor.

1 Juan 4:19-21 nos recuerda el fundamento: “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.”

Por lo tanto hermano, ya que Dios nos ha concedido su amor para que podamos amar, permitamos que este amor se perfeccione en nosotros, guiándonos a corresponder a su inmenso amor para compartirlo con todos los que nos rodean.

04

Alaba a Dios

Alabanza: Amor para amar
05

Comparte

¿Te bendijo este devocional? Compártelo con alguien que lo necesite.

Devocionales relacionados

Comunión: un mismo amor, un mismo sentir

"Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros." Filipenses 2:1-4

En la carta a los Filipenses Pablo nos instruye claramente en cómo debemos proceder con nuestros hermanos: teniendo un mismo amor, unánimes, en un mismo...

El mandamiento del amor

"Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano." 1 Juan 4:21

La palabra "discípulo" proviene del griego mathētēs, que significa estudiante, aprendiz o alumno. Esto implica una relación de aprendizaje activa, no so...

Caminar en la Verdad

“El anciano a la señora elegida y a sus hijos, a quienes yo amo en la verdad; y no sólo yo, sino también todos los que han conocido la verdad, a causa de la verdad que permanece en nosotros, y estará para siempre con nosotros: Sea con vosotros gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y del Señor Jesucristo, Hijo del Padre, en verdad y amor. Mucho me regocijé porque he hallado a algunos de tus hijos andando en la verdad, conforme al mandamiento que recibimos del Padre. Y ahora te ruego, señora, no como escribiéndote un nuevo mandamiento, sino el que hemos tenido desde el principio, que nos amemos unos a otros”. 2 Juan 1:1-5

Aquí el apóstol Juan se identifica como el “anciano,” sugiriendo que era mayor que otros cristianos y que podía aconsejarlos gracias a su conocimiento y...