Dios escucha mi clamor
sábado, 21 de febrero de 2026
Oración
Padre, reconozco que cuando le he dado acceso en mi vida a la incredulidad y he fijado mis ojos en mis propias limitaciones he olvidado y dejado a un lado lo más importante, a Tí Dios. Señor, no quiero ser incrédula sino más bien quiero permanecer firme en mi fe en Tí, por más difícil que parezca la situación. Padre, confío en que Tú tienes el control y que a Tu tiempo me darás lo que Tú creas que es mejor. Amén.
Lee la Palabra de Dios
"Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abías; su mujer era de las hijas de Aarón, y se llamaba Elisabet. Ambos eran justos delante de Dios, y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor… Aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios según el orden de su clase, conforme a la costumbre del sacerdocio, le tocó en suerte ofrecer el incienso, entrando en el santuario del Señor… Y se le apareció un ángel del Señor puesto en pie a la derecha del altar del incienso. Y se turbó Zacarías al verle, y le sobrecogió temor. Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan." Lucas 1:5-6, 8-9, 11-13
Reflexiona
Qué hermoso relato el que nos recuerda Dios en el evangelio de Lucas. En él se describe la promesa que Dios le da al sacerdote Zacarías del nacimiento de su hijo Juan, quien sería conocido por todo el pueblo de Israel, pues sería el encargado de preparar el camino para la venida de nuestro Salvador (Mateo 3:3). La Biblia nos muestra que Zacarías y Elisabet eran ya de edad, añadiendo además que Elisabet era estéril, lo cual hace esta concepción aún más increíble. Juan llega como resultado de un clamor de Zacarías, pues observemos que el Ángel Gabriel manifiesta que Dios ha escuchado su oración y que su esposa dará a luz a un precioso varón. A través de este pasaje el Señor nos está animando pues ¿cuántos de nosotros, al igual que Zacarías, hemos puesto en el altar del Padre peticiones especiales? Cosas que ante nuestros ojos parecieran imposibles, pero que conociendo al Dios de los imposibles, decidimos encomendarlas a Él para que obre en nuestras vidas y haga en nosotros un milagro. Sin embargo, cuando llega la respuesta de parte de Dios dudamos, enfrentamos incredulidad, pues pensamos que para que se cumpla ese anhelo que tenemos en nuestro corazón depende de qué tanto nos esforcemos, o de qué tantas capacidades, talentos o recursos tenemos. Cuando miramos nuestra propia condición, que carece de todo lo anterior, flaqueamos, nos desanimamos y le damos acceso a la incredulidad. Sin embargo, Dios en Su infinita misericordia nos recuerda por medio de Su Palabra una gran Verdad, Él es el Gran Yo Soy: “He aquí que yo soy Jehová, Dios de toda carne; ¿habrá algo que sea difícil para mí?” (Jeremías 32:27).
Hermanos, el Señor es Dios fiel, el Único Dios verdadero quien está atento a nuestra oración, Él escucha nuestro clamor y conoce los deseos de nuestro corazón incluso antes de que los mencionemos, Él es Dios Poderoso, Dueño del oro y de la plata, Creador de todo el Universo y quien sostiene al mundo en Sus manos. Que cuando llegue la incredulidad a nuestras vidas, la rechacemos y no le demos cabida en nuestra mente y corazón, sino más bien permitamos al Espíritu Santo que nos recuerde quién es nuestro Dios, que traiga a nuestra memoria la grandeza del Señor, pues Él es la esperanza viva en quien hemos confiado y esperamos.
Alaba a Dios
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